ANRED

ANRED
Red Nacional de Medios Alternativos

sábado, 30 de septiembre de 2017

Conciencia Abya Yala 2018


¿Dónde está Santiago?
Dos meses.

La Junta Abya yala por los Pueblos Libres –JAPL- otorga la distinción anual “Conciencia Abya yala”, en la versión 2018, a las agrupaciones que estudian y estimulan el vivir bien y buen convivir, es decir, la vida comunitaria en armonía con la naturaleza, y que colaboran desde ámbitos comunes en la resistencia al actual sistema que perturba la biodiversidad, saquea las riquezas y patenta la vida.

Entre estos grupos variados elegimos como referentes auténticos a Nora Morales de Cortiñas, Rafael Lajmanovich y Damián Verzeñassi, para dejar en sus manos sendas obras de arte, con la intención de que sus ejemplos nos orienten hacia un mundo hoy invisibilizado y expropiado, y nos alumbren el camino a la descolonización.

Ellos dan con generosidad su tiempo y sus conocimientos, y se muestran abiertos a las diversas influencias del paisaje y los saberes de nuestras comunidades.

Con este gesto, a Damián, Rafael y Nora les expresamos un ¡gracias compañeros! Su mensaje nos dice Abya yala, nos dice tekó porá, vivir bien y bello, buen convivir; sumak kawsay o suma qamaña, pronuncian en el altiplano, kume felen los mapuches; como en el norte, bajo el símbolo del Quetzalcóatl, llaman “toltecáyotl” a las artes de vivir en equilibrio, y toltecas a quienes practican esas artes.

Por esas raíces ocultadas queremos ir a los nutrientes que nos liberen del estado de confusión, y ustedes nos ayudan a hallar resquicios en nuestra vida cotidiana.

Con ustedes y con tantos rebeldes del Abya yala vamos a mantener encendida las llamas del conocimiento, el amor, la amistad, la conciencia, y nos vamos a cargar de energías de otro orden para enfrentar los desafíos de la hora.

El reconocimiento será entregado en febrero de 2018, en un encuentro en memoria de la Batalla del Espinillo y la inconclusa revolución artiguista, para consolidar nuestros estudios entorno de la relación hombre / naturaleza y los problemas derivados del acaparamiento de las tierras, el desarraigo, y el hacinamiento de las poblaciones en los barrios.

VIVIR BIEN. Para el vivir bien hay que escuchar bien, danzar bien, saber amar y ser amado, saber pensar; hay que saber dar y recibir y caminar bien, entre otras vías. Nada de eso depende de la cantidad, la decisión individual o el competir. El vivir bien reconoce en el otro un complemento, y más: el otro soy yo mismo.

El que bien camina no se cansa, y no camina solo, camina al compás de la madre tierra, con sus pares del paisaje, sin atropellos ni vanidades.

En los senderos marcados o recuperados por estas personas y comunidades señaladas podemos sentir el ritmo del Abya yala, lejos del fundamentalismo individualista occidental, lejos del despotismo del estado, del mercado y las academias, y lejos también del unitarismo que en la Argentina es genocida. La unidad incluye la pluralidad, la interculturalidad. Pero el unitarismo no es unidad, es su contrario: uniformidad, para arrasar los lugares, las autonomías, y someter a los otros.

¿No es el estado un instrumento coercitivo de una clase para dominar a las otras? ¿No es el mercado un espacio donde las mercancías toman una vida propia que mediatiza y esclaviza a los hombres? Pero en todos los rincones hay mujeres y hombres bien plantados para mantener la llama encendida, es decir, que no se resignan al sistema; hay comunidades que así como alumbran sobre los daños del capitalismo y el imperialismo y sus causas, muestran ámbitos y modos de superar el sistema impuesto.

Nuestro país está enfermo de violencia contra la naturaleza. A ese extrañamiento llamamos alienación. Y también enfermo por el desarraigo y el destierro de vastas poblaciones, luego apiñadas en los suburbios de las grandes urbes. Allí son expuestas a enfermedades que se potencian en ese amontonamiento, al punto de ofrecernos una versión actual del racismo. Ni árboles, ni pájaros, ni gurises en nuestros campos. Por eso se impone una revisión del estado de cosas, y por eso valoramos a los grupos que usan las herramientas a mano para rebelarse contra el sistema y denunciarlo. Sin ser a veces culturas ensambladas como el tekohá guaraní, nos abren caminos hacia ese mundo, con la paciencia del que deja madurar los frutos.

COMPARTIMENTOS ESTANCOS. Por caminos inciertos nos vuelven los saberes milenarios, nos invitan a explorar alternativas. Entonces florecen maneras de conocer y relaciones con raíces vivas en compañeras y compañeros que se saben miembros del paisaje y no ajenos o espectadores, no usuarios, no meros consumidores.

Activistas negros de Colombia llaman biodiversidad a la confluencia del territorio y la cultura. Un árbol, un pez, un chamamé, una poesía, una batalla por la emancipación, un arroyo, un libro, una militante, un obrero son expresiones de la biodiversidad así entendida.

Advertidos de la soberbia de aquella falsa ciencia que se coloca por encima y deja en un abismo otras formas del saber, apreciamos a aquellos que escuchan los mensajes imperecederos de la Pachamama. Con ellos rompemos los compartimentos estancos, recuperamos la mirada de cuenca, integral, y abolimos los títulos nobiliarios desde el lema de los pueblos libres que dice “nadie es más que nadie”.

Celebramos que, entre vecinos como los mencionados, surjan espacios críticos. Dice la Unión de científicos comprometidos con la sociedad y la naturaleza de América Latina: “Vivimos una crisis civilizatoria global sin precedentes en todas las esferas de las actividades humanas, a la que nos ha llevado el capitalismo y modelos similares que fragmentan al hombre de la naturaleza.

Como respuesta a estas voces de alerta, hacemos pie en nuestras propias culturas vivas, en las comunidades que pueden saludar al sol. Muy pocos logran ver la dimensión del problema de la ciencia occidental usada para el dominio y el epistemicidio, es decir, para matar otros modos del conocer. Para nosotros, esa ciencia colonial y falsa no es más que propaganda o engaño, y termina avalando por caso el “crecimiento sostenible”, las “buenas prácticas” o la manipulación genética, macanazos para hacerle el juego a los poderosos. Por el contrario, con su manera de encarar una ciencia digna, estudiosos como Damián y Rafael tienden puentes entre saberes para integrar sin despreciar, e incluso para “dar vuelta el viento, como la taba” y mostrar desde distintos ángulos que (como dice el refrán) “cuando la ciencia es digna, el glifosato daña”.

BANDA ROJA. Estamos en los pagos de la resistencia charrúa, somos herederos de siglos de luchas de nuestros pueblos originarios contra el sometimiento, y de una banda roja (expresada en distintas banderas) que nos dice independencia, soberanía particular de los pueblos, dignidad, libertad en toda su extensión imaginable; un emblema incompatible con la concentración de la tierra o del poder, pintado en el campo de batalla y en los fogones y las ruedas de mate, porque eso tiene este símbolo de conciencia, asamblea, tradición, lucha intransigente y sangre derramada por la libertad.

Y estamos en un pueblo que se organiza en las grietas del sistema para decirle que no a los represamientos, al fracking, a la fumigación con venenos, a la erosión del suelo, al desmonte; decirle que no al derroche de energías no renovables, a la promoción de industrias sucias, a la contaminación de los arroyos, a la inescrupulosidad inmobiliaria, al acaparamiento de tierras para la especulación, y al consumismo que remolca tantos males. El “no” se cuece a fuego lento, no está dicha la última palabra.

DESOBEDIENCIA. Todavía no logramos coincidir en las causas de esta guerra declarada por el sistema a la biodiversidad. Nuestras agrupaciones dan respuestas limitadas, aisladas, focalizadas. Por ahí nos sentimos en retirada, batiéndonos sí, pero en retirada, y vienen compañeras y compañeros como Damián, Rafael y Nora a alentarnos, a decirnos que las leyes del sistema nos tienen que encontrar en la resistencia. Desobedecer cuando toquetean la genética, desobedecer cuando patentan semillas, cuando ponen en riesgo los embriones, cuando atacan a los árboles, al río, a las abejas; desobedecer cuando asechan la soberanía alimentaria, cuando inventan mega obras sin licencia social, cuando represan los ríos, y cuando concentran las propiedades en manos de unos pocos y echan a las personas de sus hogares para convertirlas en sobras. Desobedecer al sistema que nos ataca por estos y otros flancos.

TRES TESTIMONIOS. Damián Verzeñassi explicó en La Haya los tormentos del régimen agrícola impuesto. Ayudó a ver la magnitud del ecocidio y el genocidio, y con sus pares sigue visitando nuestros pueblos para conocer y prevenir. El juicio a Monsanto, en el que nos representó, fue un ejercicio para la emancipación. Y así como le decimos no a Monsanto y sus aledaños, decimos sí a la vida plena, la agricultura familiar, el equilibrio, los alimentos sanos.

Rafael Lajmanovich nos despertó hace décadas para señalarnos las malformaciones que estaba observando en nuestros campos. Cada año nos entrega con sus pares nuevas herramientas para prevenirnos del ecocidio, y para apuntar que algunos gobiernos que se dicen distintos coinciden en el aliento a la economía de escala y las tecnologías que convienen al régimen.

Ellos escuchan las campanas de alerta y nos cuentan. Con ellos tomamos nota de las fuentes de apuros, deseos ficticios, falsas soluciones. Con ellos nos inclinaremos ante la Pachamama a confesar nuestra ignorancia.

Todos tenemos en el río un hermano. Para escuchar sus mensajes sabemos que debemos cerrar los ojos.

Juntos vamos tomando conciencia de que el paisaje está quebrado sin esas ranas, sin esos niños, sin esos trinos, sin esos silencios, esas melodías y esos tambores donde habita la amistad. Que sean dos entrerrianos desplegando sus conocimientos en Santa Fe y todo el litoral, es un símbolo de la continuidad de la nunca muerta Liga de los Pueblos Libres.

Nora Cortiñas y las Madres amplían la mirada restringida de los derechos humanos occidentales. Su acompañamiento a los pueblos originarios, y al admirable acampe de la localidad de Malvinas Argentinas en repudio a los transgénicos y su tecnología, son testimonios vitales. Ellas nos llaman a prestar atención a la biodiversidad y a esos pueblos aplastados por el sistema, como nos alientan a levantarnos y resistir, con independencia de la partidocracia y otros intereses sectoriales. Estar, siempre estar con los rebeldes.

Para Nora y las Madres (como para nosotros) los derechos humanos no deben ser herramientas al servicio de valores occidentales para seguir imponiendo miradas dominantes, sino contribuciones para un despertar; perspectivas que contribuyan a los rebeldes a dar la lucha para poner algunos valores nefastos –el racismo en todas sus formas, el sexismo, el androcentrismo, el eurocentrismo, por ejemplo– bajo una prohibición perpetua, y para recuperar el lugar del humano junto al resto de los seres, como hermano y no como dueño y señor.

Donde el poder no escucha, las Noras son todo oído; donde el poder embiste, cavan trincheras; donde el poder hace desaparecer, alumbran y cobijan; donde el poder fragmenta y compra voluntades, amasan el pan común. Ser compañero, y no aceptar las tentaciones de los ladrones de riquezas y sueños: ese es el legado de las Noras. Y hacer del dolor más hondo la conciencia más noble y colectiva, con un sencillo pañal de bebé en la cabeza, hecho pañuelo y bandera. “Todos son nuestros hijos”.

Como en el amor, estas gauchadas no se miden.


PACHAMAMA

Gracias a la generosidad de nuestras comunidades y nuestros pensadores y a la resistencia de los saberes guardados del huracán invasor, hoy podemos saludar en agosto a la Pachamama; podemos hablar de precaución, de peligro, y analizar nuestros propios vicios en la colonialidad, es decir: en esa subordinación naturalizada.

Con este reconocimiento llamado “Conciencia Abya yala” nos proponemos señalar modelos, estimular el conocimiento y el encuentro. Así lo hicimos antes con la frescura de los jóvenes que navegan nuestros ríos a remo para conocer y generar conciencia ecológica; con la valentía de los luchadores haitianos que nos marcan un camino de dignidad desde hace siglos; con la dignidad de los pueblos originarios en los que hallamos fuentes de saber ocultadas por el sistema y tradiciones que hacen al ser humano compatible con su entorno, pidiendo permiso al monte, al río; con la serenidad de las familias pescadoras y orilleras y esa forma tan natural de darse y compartir lo poco y vivir en la naturaleza; con la lucha de los trabajadores y ecologistas, y con el talento solidario de los artistas, que se dan la mano para recuperar la armonía y estar pertrechados de honduras.

Inspirados en esa conciencia, hace años declaramos al maíz “semilla venerable e inviolable”. El maíz, como alimento ancestral y manifestación de las ciencias del Abya yala al servicio de la vida, expresa a todas las semillas. Hoy nos encontramos con estas semillas que dicen a muchas otras, y que esperamos abonar conociendo sus aportes.

Compañeros Rafael, Nora, Damián: no hay mejor distinción que escuchar bien, y en eso estamos. Gracias.

Junta Abya yala por los Pueblos Libres –JAPL-

Paraná, 1ro. de octubre de 2017.

Juan Antonio Vilar                              Alberto Dorati

    Presidente JAPL                            Vicepresidente JAPL



Abel Schaller
Américo Schvartzman
Andrés Petric
Antonio Tardelli
Carlos Alberto Godoy
Carlos Andrade
Carlos Natalio Ceruti
Carlos Weber
César Baudino
César Pibernus
Claudio Puntel
Daniel Tirso Fiorotto
Elio Kohan
Fortunato Calderón Correa
Gustavo Lambruschini
Haydeé Orrantia
Hugo Luis Rivas
Ignacio González Lowy
Jorge Villanova
Juan José Rossi
Julio Barbagelata
Julio Majul
Lucrecia Brasseur
Luis Lafferriere
Marcelo Perini
María José López Ortiz
Mario Alarcón Muñiz
Mario Daniel Villagra
Mario Escobar
Mario Leonardo Londero
Martha Bader
Martín Barral
Mauricio Castaldo
Mercedes Fiorotto
Oscar Milocco
Pedro Aguer
Ricardo Bazán
Roberto Bereciartúa
Santiago Fiorotto
Sergio Daniel Verzeñassi
Silvina Suárez
Víctor Hugo Sartori 

viernes, 30 de junio de 2017

Bellas y crudas historias del pueblito, alrededor del árbol

Versos, chamamé y rebeliones populares, una propuesta distinta para los relatos lugareños en la pluma del profesor Mauricio Castaldo. Su obra es digital, gratuita, y reúne aspectos poco difundidos o ignorados del pasado mariagrandense.


Tirso Fiorotto




Historia sostenida en testimonios del pueblo, con sus luchas civiles sin medias tintas, y no basada solo en hechos sino mechada de poesías, canciones, personajes, lugares, organizaciones, y una detenida admiración por los árboles y plazas que toman por derecho propio el centro de la escena.
Al decir María Grande, Mauricio Castaldo dice Entre Ríos, dice litoral. Y no mezquina reflexiones críticas de su propia comunidad que van a servir, sin dudas, para sacar a luz los pareceres mejor guardados por los parroquianos en el departamento Paraná.
Oficios, gustos, anécdotas, y como centro la avenida con su arboleda en una bella variedad que convoca a los poetas.
Castaldo no cierra su historia al ejido, no topa en los límites impuestos, ve a María Grande en el Abya yala (América), y tampoco reniega de los aportes de muchas familias viajeras para constituir la identidad.
El árbol y el loro
"Historias de María Grande y su gran Avenida de los Árboles" se titula esta entrega del profesor Castaldo, tan útil para los alumnos de las escuelas como para los mayores y con una conclusión esperanzada, que invita a recuperar la alegría...

Historias de María Grande y su gran Avenida de los Arboles

Al final del índice está el enlace para la descarga directa y libre de las historias y las imágenes completas en formato pdf

-INDICE-

“...Rama de sauce soy sensible a las preguntas
del pájaro, en la tarde que ya es un hado extraño…
Rama de sauce soy a cuyos pies el tiempo
es un baile de hadas que hacia la noche ondula...”

JUAN L. ORTÍZ, “Rama de Sauce”

I- LA MEMORIA DE LOS EUCALIPTOS Y DE LOS LOROS, DE LAS BOLEADORAS Y EL MATE 



-LOROS Y BOLEADORAS. 

-MATES Y METAMORFOSIS. 

-ARBOLES DE LA VIDA Y DEL UNIVERSO.



II – LOS REBELDES DE MARÍA 


-CAMINO REGIONAL AL EXILIO Y AVENIDA ARTIGAS. 



-TOMÁS CÓCERES, EL CAUDILLO REBELDE DE MARÍA GRANDE.

-EL BATALLÓN DE MARÍA GRANDE, EN EL EJÉRCITO GRANDE DE URQUIZA. 

-LUCHA FEDERAL Y LUCHA EDUCATIVA. 

-TRONCO, BARBA Y MELENA JORDANISTA, COMO AGUARIBAY DEL MONTELANZAS Y BALAS EN EL TALITA. 


III – DEL PAGO DE MARÍA AL PUEBLO DE MARÍA GRANDE: 

-FRANCISCO CASTALDO, DE NÁPOLI A MARÍA GRANDE, Y LAS DISTINTAS FORMAS DE CURAR. 

-LOS JUEGOS EN LA CALLE Y LA PLAZOLETA DE LA AVENIDA ARGENTINA. 



domingo, 4 de junio de 2017

Contra la desnutrición por falta de alimentos y de paisaje - Por Daniel Tirso Fiorotto*



El autor muestra la necesaria complementación entre las luchas contra la desnutrición, y aquellas por un ambiente amplio y una comunidad, para que los niños crezcan en relación con la naturaleza, a salvo del hacinamiento y sus enfermedades y del individualismo. Por la salud y la libertad.
Al Gran Bonete se le ha perdido un pajarillo y lo busca en la rueda de gurises que se hacen los distraídos: nadie lo tiene. Estamos perdiendo la biodiversidad, y cada cual se agota en acusar al vecino. ¿Yo señor? ¡No señor! 
Esta entrega pretende ser un alegato por la nutrición integral, con alimentos sanos y en un paisaje.
Aquella libertad de vientres que generó expectativas en los esclavizados nos inspira, dos siglos después, una segunda libertad de vientres para devolver la vida a los hacinados.
No estamos solos. Son muchas personas y no pocas instituciones las que colaboran en la conciencia. La prédica para curarnos de la desnutrición es fundamental, y se complementa a la perfección con la necesaria libertad de vientres con la esperanza de que nuestros niños recuperen el ritmo de la naturaleza.
El amontonamiento es una desnutrición que achica el corazón. 
La comunidad es nuestro ámbito, la comunidad con los humanos y las demás especies, además del suelo, la arena, la piedra, con el sol en el centro. El barrio hacinado no es sinónimo de comunidad, es sinónimo de sobra, cuando al lado hay diez mil hectáreas vacías de humanos y vacías de árboles, abiertas al saqueo. 
Mundo en guerra
En materia ambiental vamos llenos de soberbia hacia la autodestrucción. El mundo ya no da abasto con los requerimientos de la humanidad capital/consumista, y sin embargo las noticias dan cuenta de amenazas, ultimátum, bombas atómicas de alcance insospechado, todo eso cuando nos debemos serenidad, diálogo, sólo posibles en la medida en que bajemos el copete.
Bajar el copete ante nuestros hermanos de especie y ante la naturaleza, allanarnos a los ritmos del paisaje, volver a enamorarnos de un amanecer. De eso se trata, pero nuestro empecinamiento va por los bombarderos y los portaviones. Esa es la noticia del día.
Trump, Putin, Xi Jinping, May, Merkel y varios por el estilo son apenas manifestaciones de la soberbia humana atropelladora, siempre amenazadora, colonialista, la humanidad que saquea su propia vecindad y está poniendo al planeta al borde del colapso.
Los países periféricos suelen esperar que las soluciones provengan de la fuente de los problemas, y así nadie toma el toro por las astas.
  Lavarse las manos
Concentrados como estamos en los acuciantes problemas del día, nuestras instituciones, las nuestras, tienen cerrados los caminos a las fuentes. Como resultado, vamos tapando agujeros siempre renovados, atacando los efectos y ni eso.
Preocupados más por las emergentes que por sus orígenes, nos encontramos en retirada y a la defensiva, o levantando el índice y acusando a los demás.
Como en el juego del Gran Bonete, muchos tenemos de alguna manera el pajarillo pero nos negamos a confesarlo. Señalamos siempre al otro. Cuando la mala suerte o un error nos delaten, entonces pagaremos una prenda o trataremos de zafar como se pueda.
La humanidad se empecina en empujarnos a la destrucción de la vida y son escasas e insuficientes las instituciones que toman conciencia, cuando de esa conciencia podrían derivar necesarias decisiones prácticas (acciones o no acciones) para revertir el proceso.
Los países periféricos como la Argentina suelen descansarse en lo que hagan los más poderosos (en términos de economía capitalista); y las regiones dependientes dentro de nuestros países (como Entre Ríos) se descansan por su lado en lo que hagan las metrópolis y los gobiernos centrales. Así, como los principales responsables del cataclismo no responden, no hay respuesta. Y en parte se debe a un complejo de inferioridad que nos atormenta y nos maniata.
No vemos que la debacle ya está entre nosotros, sea con la dependencia de tantos, la reducción a servir o a mendigar, sea con el encierro en barrios desprovistos de espacio, de sol.
Resistencia
Los pueblos del litoral tenemos condiciones para echarnos a la espalda el problema y brindar respuestas muy nuestras. No se basarían en experimentos de laboratorio sino en la recuperación de saberes siempre vigentes. Nuestras tradiciones dicen armonía del humano en la naturaleza, complementación, diálogo sereno, resistencia a la invasión, comunidad, reciprocidad de bienes y palabras, intercambio auténtico, inclinación ante la Pachamama. En cada lugar y en cada época con sus condimentos, claro está.
¿Por qué estamos en condiciones, en el litoral?
Es que la resistencia a la invasión occidental genocida, esa resistencia practicada durante trescientos años, nunca desapareció por completo y por eso podemos regar hoy aquellas raíces para que broten hojitas tiernas. Occidente se instaló en las instituciones y el Abya yala (América) quedó en las grietas, como en un desensillar hasta que aclare.
Hoy Occidente hace agua porque ya está claro que el individualismo, el antropocentrismo, el capitalismo, el cientificismo, la acumulación, el consumismo, que son sus fuertes, nos han puesto al borde de otro ismo: el abismo. Entonces emergen aquellos saberes ocultados, sepultados, pisoteados, y nos alumbran desde la selva, el altiplano, las orillas, la Patagonia, sea en comunidades que no murieron, sea en símbolos que guardan su verdadera esencia para los momentos propicios, como la banda roja de nuestra bandera federal, o el sol de la bandera nacional.
Cuando hablamos de resistencia decimos charrúas, artiguismo, o decimos comunidad, ayllu, tekoá. El litoral se ha guardado algunas prevenciones con el centralismo y el gran capital, y por algún lado se abre a la cuenca, a la relación indisoluble de nuestros pueblos a través de la red de ríos y arroyos convertidos artificiosamente en fronteras cuando son fuentes de unidad y encuentro.
Lavado de cabeza
Muchas veces se vio, desde adentro y desde afuera, a la región como encabezando una probable sublevación. Hay en el litoral una irreverencia muy natural. En tiempos del ataque a Paysandú, del asesinato de Peñaloza, de la guerra al Paraguay, fue notable la resistencia del pueblo, la resistencia activa, y estamos hablando de una historia muy reciente. La traición de la clase rica dirigente no opaca esa verdad.
Un proceso de lavado de cabezas ha pretendido distorsionar nuestra conciencia, nuestro arraigo, nuestra mirada amplia, regional. Pero los resultados son dispares.
El destierro de tantos, sea en migraciones internas para amontonarlos en las grandes ciudades o hacia provincias poderosas, permitió que el gran capital tomara nuestro territorio como zona de sacrificio donde el humano molesta, y molestan también los montes, los humedales.
Hemos mezquinado a los gurises los alimentos del cerebro y del corazón.
Sin embargo, en esa calamidad podríamos encontrar grietas para revertir el proceso, inspirados en nuestros suelos vertisoles, invertidos, revueltos, revolcados, que sugieren desde la naturaleza misma un jubileo.
Lo que está arriba pasa abajo y viceversa. Un jubileo, claro: otra oportunidad.
Estamos en condiciones, también, de ofrecer una respuesta porque el litoral sufre como muy pocos lugares del mundo una sangría permanente de los propios hijos de la tierra. Humanos, animales, árboles. Es una región expulsora, país de taperas, pueblos fantasmas, erosión del suelo, desertización. Ese flagelo ha sido denunciado por décadas y en algún momento le daremos respuesta.
Parasitismo
Por ahora, la propaganda del sistema (difundida por los medios más diversos) anestesia las conciencias como ocurre con ciertos parásitos que impiden que el hospedante ejerza sus facultades para la inmunidad.
Así, cada familia de desocupados que emigra del territorio litoral baja los índices de desocupación. Un engaño. Y le sirve al gran capital, porque el gran capital necesita el territorio libre de molestias, libre de humanos, para usar el suelo y el subsuelo a escala y con sus maquinotas, sin obstáculos.
Algunos planes llamados “sociales” sirven del mismo modo al gran capital, le hacen pagar a todo el pueblo pobre (incluso con impuestos a los alimentos o recortes en las jubilaciones) los subsidios a esa gran masa de excluidos, para que se queden en los barrios y no molesten los negocios del gran capital. Con algunos mendrugos, las familias prefieren el hacinamiento, sumidas en un caldo de enfermedades bien ocultadas por el sistema, antes que disputar lo que les pertenece: un lugar donde trabajar, cultivar sus alimentos, compartir, interactuar con la naturaleza.
Antes debieron ser extirpadas, convenientemente, de la conciencia referida a la simbiosis del humano en la naturaleza.
El mundo declina, el calentamiento derretirá masas de agua congeladas y aumentará la altura de los mares; de una u otra forma nuestro territorio será nuevamente zona de sacrificio porque tiene vastos espacios muy cercanos hoy al nivel del mar. ¿Esperaremos soluciones desde los mismos responsables de esta debacle?
Naturalizar el régimen
El sistema ha logrado encarnarse en muchos, convencidos de que este sistema es el único posible. Esa es la mayor victoria del sistema.
Nos encadenamos a un mundo productivista, consumista, depredador, concentrado, desarraigado, que desoye todas las luces de alerta. Las instituciones corporativas no son permeables a los cambios necesarios, pero incluso organizaciones del pueblo como lo sindicatos están apegados al sistema y sus dirigentes se han convertido (en general) en tremendos reaccionarios, cuando no demagogos, cortoplacistas, exitistas, enredados en disputas menores.
Escuchamos a diario a sectores llamados “progresistas”, inclusive, con discursos keynesianos que fueron superados hace décadas pero suenan bien al oído de los desprevenidos. Cuando el planeta ya dio muchos mensajes de alerta porque este sistema se fagocita el planeta, así de sencillo.
Claro, mientras no queremos ver el témpano, el Titanic sigue navegando y la fiesta parece interminable.
Pero existen (existimos) los que esperan poco y nada del imperialismo, venga de donde venga; los que no dan la vida para experimentos del gran capital; los que poco esperan de los gobernantes socios del gran capital, gobernantes que se auto adjudicaron el derecho de representarnos y decidieron que el pueblo “no delibera ni gobierna”. Existen (existimos) los que no creen en la bajada de línea desde el imperio y tampoco en la bajada de línea desde las metrópolis socias del gran capital; los no se sientan encima de la naturaleza, ni frente al paisaje, sino que se saben miembros de la naturaleza, dentro del paisaje. Los que están advertidos sobre los vicios y peligros del industrialismo y el consumo irresponsable de energías no renovables y la contaminación del agua y el aire.
Bien, mientras vamos regando esos brotes de conciencia, nos encontramos viviendo en esta zona de sacrificio, de donde fueron desterrados tantos hermanos. Tomar conciencia del estado de cosas, del estado de colonialidad en que nos desenvolvemos, y del privilegio de vivir en estas bellas zonas todavía, esa conciencia ya es un paso adelante.
Vemos que a pesar de la erosión del suelo disparada por la acción humana, a pesar del desmonte agresivo, el gran capital no logró matar todo aún. Estamos a tiempo.
Entonces, antes de que el gran capital cope todos nuestros ríos y arroyos, antes de que destruya por completo nuestros montes, pastizales, humedales, antes de que nos prive de todo como ya nos privó del paisaje, del trabajo, de la deliberación y el gobierno, antes de ser arrastrados por un sistema que no perdona la vida, podemos iniciar el camino que nos permitirá revertir el proceso. ¿Cómo?
Semillas patentadas
Si tomamos conciencia, con lo que dicen y repiten desde hace siglos nuestros pueblos antiguos y vigentes, que el humano no puede desplegar sus aptitudes sino es en la malla de la vida, en relación de reciprocidad con el entorno, en diálogo con las aves, los árboles, el río, las diversas manifestaciones de la vida, y reconociendo en una barranca, una piedra, una lomada, una mariposa a un compañero, un hermano, una manifestación de una unidad superior, entonces miraremos con otros ojos el estado de cosas.
¿Despliega una comunidad sus aptitudes en un barrio de hacinados, donde la aurora y el ocaso son ignorados, donde los niños no saben lo que es el lucero del alba ni distinguen los gorjeos y confunden un eucalipto con un algarrobo? ¿Hay libertad en una familia que no tiene un lugar para las gallinas, para plantar unos zapallos, para conocer las cuatrocientas variedades del maíz, y en cambio viven dependientes de una semilla patentada por una multinacional?
Los entrerrianos, y más, las mujeres y los hombres del litoral, podemos y debemos salvarnos del hacinamiento. Cuidar la naturaleza y en la naturaleza, el humano.
Si no tenemos las armas para revertir el proceso de una, podemos imaginar, sí (mientras organizamos otras cosas paralelas) la protección de las orillas a través de una red de reservas que abarque las cuencas de los ríos y humedales para asegurar a los animales una continuidad, y al mismo tiempo imaginar a nuestros niños liberados de las rejas impuestas por el sistema que los amontona como sobras.
No hay una sino muchísimas formas de asegurar una libertad de vientres, para que los niños no sean condenados por el sistema que oprime a sus padres y abuelos. En esa liberación va también la liberación de padres y abuelos porque verán una luz para los niños y eso alimentará sus expectativas, sus ganas, sus sueños.
La liberación de la niñez es un tema que genera intercambios en ámbitos vinculados a derechos humanos, pueblos originarios, asambleas ambientales, universidades, pero no mueve el amperímetro en partidos y sindicatos patronales y obreros ligados al sistema, y por eso reaccionarios.
Contra la desnutrición
La cooperadora de la nutrición infantil llamada Conin resulta por demás atractiva en el plano concreto para asegurar un niño con todas sus potencialidades, es decir, para no arruinarlo desde el pimpollo. Se ha desarrollado en Chile como en la Argentina.
Tienen razón sus impulsores. De ellos aprendimos que el niño necesita en partes iguales una buena alimentación y un buen entorno. Mimos, dicen, y nosotros nos permitimos agregar: paisaje. Mimos del monte, las flores, las mariposas, el silencio, la armonía, la comunidad.
Ese plan es complementario de la necesaria libertad de vientres que sostenemos, la relación del niño con su entorno, los árboles, los alimentos sanos, los mensajes de la Pachamama. Entonces: un niño completo en libertad.
Nutrición infantil y libertad de vientres van de la mano. Niño sano en ambiente sano. Cerebro completo en un paisaje, sin muros, sin esas pesadas mochilas del hacinamiento.
La desnutrición priva al niño del cerebro, el hacinamiento lo priva de su condición humana tejida con fibras de la naturaleza.
Una vida plena requiere de un desarrollo orgánico y del sol, con todo lo que eso significa: aire puro, horizonte sin obstáculos, cielo estrellado. El apuro y el ruido y la violencia y otros atropellos también arruinan. “Volver al tiempo del sin apuro”, añora la conocida chamarrita.
El niño en su lugar, con espacio adecuado, con sus murmullos, sus silencios, sus trinos, el niño en relación natural con el resto de sus compañeros de viaje asumirá naturalmente los vínculos, los juegos de la vida, el respeto al otro porque se verá a sí mismo en el otro, se sabrá en una urdimbre con el río, la piedra, las hierbas.
Para el individuo, un cerebro, para la persona, un entorno, otro que lo complemente: humano, árbol, mariposa.
Nuestros pueblos dicen que la persona se adquiere en la relación con el otro, en el encuentro. Chachawarmi, pronuncian. Es un encuentro fundador.
Nuestros pueblos afirman que, si no es con el árbol, el suelo, si no es con el amanecer, el humano no desplegará sus alas. Si no es pidiendo permiso al río, al monte, se calzará una corona y dirá esto es mío y querrá ganar. No ya compartir sino ganar. Si hay que saquear, saquear. Si hay que bombardear, bombardear.
Roberto Santoro
En junio se cumplirán 40 años de la desaparición de Roberto Santoro que escribió un poema inspirado en el Gran Bonete. “A mi país se le han perdido muchos habitantes/ Y dicen que algún cuerpo de ejército los tiene/ ¿Yo señor?/ Sí señor/ No señor/ ¿Pues entonces quien los tiene?”
Con su permiso, diremos que a nuestro país se le van perdiendo habitantes, árboles, suelo fértil, pájaros, niños, vida en fin, y dicen que el sistema los tiene. ¿Yo señor?
  * Publicado en UNO
-0-0-0-
Zona de sacrificio donde el humano molesta, y molestan los montes.
 
-0-0-0-
De alguna forma nuestro territorio será nuevamente zona de sacrificio.
 -------------
Lectura para el análisis crítico y el debate militante:

COLECCIÓN CLACSO COEDICIONES

CLACSO -MUELA DEL DIABLO -COMUNA

Forma valor y forma comunidad

Aproximación teórica-abstracta a los fundamentos civilizatoriosque preceden al Ayllu UniversalÁlvaro García Linera“Qhananchiri”